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viernes, 24 de febrero de 2017

Una de jóvenes

Ahora que ya ha salido publicado en el blog que le corresponde, puedo hacerme eco y hablar de este libro. 
Aún no había comentado en este blog ninguna lectura de esas llamadas juveniles e iba siendo hora. Pero no puedo empezar sin decir lo que pienso de la literatura juvenil y todo lo que la rodea.
Por estar en contacto con niños y adolescentes, sé que las lecturas que nosotros, padres y profes les mandamos no les gustan o no les suelen gustar. Su primera reacción ante nuestras propuestas es de recelo y la verdad, muchas veces no me extraña . 
¿ Cuántas veces ignoramos sus gustos, sus vivencias ,  su capacidad lectora y simplemente recomendamos teniendo en cuenta nuestras lecturas, tirando de recuerdos - y lo que a nosotros nos gustó puede que ya esté un poquito desfasado- o recurriendo a lo más vendido? ¿Cuántas veces leemos "sus" libros para poder comentarlos con ellos, a pesar de saber como sabemos lo importante que es compartir lecturas ? 
Hay verdaderas joyas en esa " literatura juvenil e infantil". Sólo hay que dedicarle un tiempo. Y gracias a los hados, hay profesionales dedicados en cuerpo y alma al descubrimiento y fomento de esas lecturas.
En una librería con nombre de cuento "El bosque de la maga colibrí " se cuecen lecturas, se comparten, se ponen en práctica en aulas y dormitorios infantiles. Y también se reseñan en un blog: Bosque de lecturas.
Merece la pena pasarse y echarle un ojo. "El mar y la serpiente" de Paula Bombara es una joya que nos ha tocado la fibra y que ahí contamos ( en concreto, la cuento yo)
Y dice así :

El mar y la serpiente, Paula Bombara, editorial Milenio

“Se les miente mucho a los niños. Se les oculta y no se les escucha. Aún con las mejores intenciones, cuando un adulto oculta una verdad, siembra en el niño una interrogación. La pregunta va creciendo a modo de enredadera por el cuerpo”.

    Son palabras de Paula Bombara, tomadas de una de las entradas de su blog “Desde mi cristal”, al que he tenido que asomarme sí o sí tras la lectura de este libro.
¿Qué decir de este libro? Empezaré por lo más sencillo. Ocupa poco espacio, es barato, y apenas son cien páginas de letra generosa y mucho diálogo. Estos argumentos ya son de por sí valiosos a la hora de vender un libro a los adolescentes, niños y muchos adultos. Sólo con esto, El mar y la serpiente ya resulta atractivo.
    Además tiene una portada encantadora. Porque no nos engañemos: compramos, como comemos, con la vista;  y la imagen en blanco y negro – sólo destacan en color las palabras que forman el título- de una niña pequeña leyendo un libro, nos atrae.
      Es Paula, la autora. Ella misma dice en su blog, que en ese momento que capta la imagen tendría unos cinco años y que está en camisón. Nos cuenta que en aquella época se despertaba de muy mal humor y lo primero que hacía era leer un rato. Su mamá le colocaba una taza de leche en la biblioteca y allí la dejaba hasta que se le pasaba la “mufa”, que en Argentina significa “mal humor o mala disposición de ánimo”.
      En esta fotografía, Paula lleva el pelo muy cortito, como su madre se lo cortó, a lo chico, en un intento de cambiar su imagen cuando huían de un peligro muy real pero del que ella no sabía nada. Y la biblioteca en la que está, sentada en una silla más grande que ella, Paula tenía acceso a todos los libros infantiles que habían sido prohibidos durante el periodo de la dictadura argentina del 76.

      Se les miente mucho a los niños. O se les oculta la información o no se les escucha. Y la información es poder y sólo lo que se nombra existe. Ahí está parte de esta novela autobiográfica, que yo creo que es imprescindible.
     Paula tiene tres años recién estrenados  cuando su papá un día, sin más, no vuelve a casa. Su mamá, sus abuelos, todos los adultos que la rodean le ocultan, o creen que lo hacen, la verdad. Pero ella, niña pero no tonta, intuye que hay algo más. Y les sigue el juego.
“Mamá tiene los ojos con agua. Pero no llora.
Mentira.
Llora. Pero para adentro.”
“Los abuelos también lloran para adentro. Y cuando les cae agua de los ojos se van al baño. Cuando me miran, se ríen de mentira. Yo también sé reírme de mentira. Cuando me río, la abuela se calma. Abraza a mamá. Mamá se calma. Me río más.”
   Así comienza la huida de Paula y su madre por distintas zonas de Argentina, hasta asentarse en Buenos Aires. Su papá ha desaparecido por oponerse a un régimen dictatorial, por querer cambiar las cosas para su hija. Y su mamá y ella están en el punto de mira, llegando incluso a ser secuestradas ambas un par de años después.
     El mar y la serpiente tiene tres partes, tres puntos de vista que se corresponden con las distintas formas que tiene de ver las cosas su protagonista, según va creciendo. La vida, como las lecturas, cambian según vayan cambiando los contextos y así se ve en esta novela. Está la visión de la niña chica; está la perspectiva de una adolescente de 12 años que interroga a su madre sobre un pasado del que recuerda poco y sufre porque cree que a su padre no le importaba lo suficiente; y está la joven que asume su realidad, que la enfrenta y la convierte en palabras, porque
Si algo me ha gustado sobre manera, es la parte de Paula niña. Me parece muy difícil ponerle voz a un niño pequeño. No me suelen resultar creíbles los niños en las narraciones. Su modo de pensar, de actuar, de preguntar acaban muchas veces por estar viciados de los usos de los adultos. Olvidamos con demasiada facilidad cómo era eso de ser niño. Más su voz.
    Pero Paula niña habla. Con frases cortas, con preguntas claras, con sentimientos concretos. Le duele la panza cuando siente tristeza, se aferra a lo que conoce y le asustan los cambios, confía en su mamá y la cuida y la engaña con risas, cuando los ojos de esta se llenan de agua. En su mundo “Papá se perdió pero va a volver. Porque los grandes saben los caminos”.
    Es una novela sencilla pero no por ello menos intensa. Relata sin dramatismo y demagogias. Es sana. Y gusta.

jueves, 23 de febrero de 2017

Siempre hemos vivido en el castillo


      En la ciudad en la que vivo, como en toda ciudad que se precie, la vida, las herencias o las situaciones familiares han dejado unos cuantas casas abandonadas, a medio caer, rotas por dentro y por fuera. 
     Esas casas siempre me han generado una mezcla de miedo a lo desconocido, tristeza por una vida que ya no se vive, angustia por ver su estado... Gracias a una imaginación generosa me he inventado vidas y familias y dramas y muchos misterios en torno a esas paredes desvencijadas y grises. 
        Una de esas casas, grandiosa en el pasado, supongo, y tremenda en el presente, está en mi camino de todos los días. A veces al pasar junto al muro que la rodea puedo llegar a imaginar que alguien ajeno al mundo real mira desde una de sus ventanas sucias, rotas y observa a los que corremos de un lado a otro, imaginando cómo será eso de vivir en sociedad, olisqueando el aire de la calle. No hablo de okupas sino de antiguos propietarios que se han negado a abandonar las paredes que les vieron nacer, reír y sufrir; que han preferido morir a ojos de todos porque se les han muerto sus amores; que han enarbolado la locura como bandera.
      Pues de algo así va este libro de Shirley Jackson, "Siempre hemos vivido en el castillo". De muerte, de locura, de fantasía,  de secretos y odios, de intolerancia hacia lo que no se entiende, de asedios a los que creemos más débiles,  de amor fraterno, de juicios sociales, de casas con vida propia, de jardines ocultos...
     Dos hermanas y su tío, enfermo y dependiente, viven aislados del resto del pueblo. Seis años han transcurrido desde un terrible suceso que cambió sus vidas y la percepción que  los vecinos tienen de esta curiosa  familia. Recluidos en su casa no necesitan a nadie y eso genera recelos, desconfianzas y situaciones incómodas. Hasta que un día las cosas cambian. ( Y hasta aquí puedo contar)
     Es una novela entretenida, aunque me esperaba algo más de ella por las críticas que había leído . Me ha dejado con la sensación de que me faltaba algo más ,  de que no se me estaba contando todo.
Me quedo con el protagonismo de la casa , esa casa que ha acabado por inquietarme y que hará que mire con sospecha a ese caserón que me cruzo todos los días.

jueves, 16 de febrero de 2017

Un premio Nadal

     Lo reconozco: soy un poco reacia a los premios. Quizás se deba a prejuicios tontos o puede que haya razones para reaccionar con recelo ante ellos, pero claramente, veo que hay un premio de por medio y me entra cosilla.
   Cierto que no todos los premios son iguales. Algunos me huelen a chamusquina y otros en cambio me corroboran que el jurado, al menos, gusta del mismo tipo de libros que yo. Pero como sé que puede ser un recelo injustificado, suelo darles una oportunidad y ver si tenía razón o no.
   Ya hace un par de años, Cabaret Biarritz de José C Valés me demostró que el Nadal es un premio con entidad. Disfruté tanto ese libro que pasé meses recomendándolo y aún a día de hoy, y existiendo en edición de bolsillo (lo que da pistas sobre la longevidad de un libro) si la ocasión se presenta hablo de él con cariño. Así pues, el Nadal en principio, me atrae.
    Sumémosle quién lo gana este 2017. Care Santos . Conozco la obra de Care Santos primero por su literatura juvenil. En la biblioteca del IES en el que estaba había varios ejemplares de sus novelas para chicos y leí alguna para poder recomendar. ( Y gustan, advierto)
    Pero es con Habitaciones cerradas con la novela con la que me encandila. Me gusta la forma de narrar de esta mujer. Las descripciones con pinceladas grandes, a veces, y otras, minuciosas, de pincel pequeño, me hacen ver en un momento al personaje. Me lo creo. Y la documentación que existe en todos sus libros me atrae, me resulta amena, no me aburre como me pasa con otros autores, sino que me anima a investigar incluso algo más. Así, tras Habitaciones cerradas vinieron las otras. Ella publica para adultos y yo compro y leo. ( El aire que respiras, Deseo de chocolate, Diamante azul)
     ¿Cómo no iba a leer Media vida, entonces? 
     Cinco días lo he hecho durar. Sí, así como se lee. Lo he hecho durar. Me he obligado a parar porque no me iba a aguantar ni un asalto y me dolía en el alma despedirme tan pronto de Julia, Olga, Marta, Nina y Lola.
    Cinco amigas en un colegio de monjas de los años 50. Cinco niñas que empiezan a entrar en la adolescencia, llenas de vida, de miedos, de sueños. Se reúnen para disfrutar de su última noche juntas en el colegio y entonces, algo pasa. Tendrán que pasar treinta años para que vuelvan a reunirse. Ha pasado media vida y tendrán que ponerse al día de todo lo que han vivido. Tendrán que contarse el presente y el pasado, aunque duela, para así afrontar el futuro.
    Care Santos ha mezclado en Media vida todos los ingredientes que me chiflan para una novela: mujeres fuertes, intriga, deseo, odio, crítica, amistad, amores y desamores, ... Si hasta ha tirado de Elena Fortún y mi adorada Carmen Martín Gaite para documentarse!
    En fin, que me ha gustado y lo he disfrutado. Que las noches han sido más cortas esta semana gracias y a causa de ella, que el café ha estado más rico acompañado de sus letras y que incluso le he robado tiempo a la hora de la  comida para avanzar un poquito en la lectura. Decidido:  se queda en mi estantería. 

viernes, 10 de febrero de 2017

Felicidad familiar

¿"Felicidad familiar"? ¡Cuentos chinos, oiga!😂

       Y es que así se titula el libro que toca y que me ha hecho darle vueltas a esto de la familia.
     No es mi intención hacer una reseña al uso. Las hay mejores y ya sólo el resumen de la editorial  ( a buena parte con @librosdelasteroide) da una idea clara sobre el libro. Más bien se trata de contar lo que este libro me ha hecho rumiar,pues más de una vuelta le he dado.
       Es el segundo libro que leo de Laurie  Colwin. "Tantos días felices" fue el primero. Dos parejas, sus sueños, su evolución en sentimientos, relaciones,  ...Me gustó mucho, así que no dudé con este título tan utópico. 

      Polly es la protagonista de esta "Felicidad familiar". Es la mujer perfecta, la madre ideal, la hija soñada, la hermana maravillosa, la mujer exquisitamente educada, buena cocinera, anfitriona, trabajadora... Es tan odiosamente perfecta que se enamora de un pintor bohemio, amante de la soledad y un poquito antisocial y empieza una aventura amorosa, llena de mucho amor, sin retorcidas sesiones de sexos ni pasiones escabrosos. 
    Nada nuevo bajo el sol, la verdad. Si no fuera por lo que se remueve dentro de Polly,  ya no en torno al tema del adulterio, del que se ha hablado tanto que no supondría ninguna novedad, sino en relación a la familia, habría sido una novela más. 
      Pero algo tiene. Polly ve cómo la idea que tiene de sí misma, y la idea que los demás se han creado de ella se desmorona. Ya no es perfecta: ha fallado en la fidelidad. Pero es peor: ese fallo ha hecho , como si se tratará de fichas del dominó colocadas estratégicamente , que todos sus principios, sus ideas, sus bazas de mujer realizada se desmoronaran.
     Y entonces, y de forma bastante reiterada, la verdad ( creo que la autora se ha recreado en exceso en los pensamientos de Polly y no siempre me han resultado frescas sus reflexiones) pasa a analizar lo que supone la familia. Bueno, no la analiza, sino que nos describe sus comportamientos y sacamos conclusiones. ( la madre de Polly,  Wendy, es en mi opinión, odiosa y la autora la retrata tan ni en que la buena mujer asquea).
     La familia espera de nosotros tanto que en algunos casos nos aprieta  e incluso, ahoga. La familia,  a la que como Polly podemos adorar,  espera caras de risa, celebraciones cordiales, debates -que no discusiones-,  cordialidad, confianza ciega, ganas de reunión,  buen trato entre todos sus miembros...La familia es una tirana.La felicidad familiar, muchas veces, una falacia.
    Y es que la idea de la familia feliz es un cuento chino. Según vamos sumando años y experiencias familiares, vamos constatándolo. Y ¡ojo!Sin rencores. Nos empeñamos en la idea de una familia de cuento de hadas y no, como los príncipes azules, la familia también puede salir rana.
         La familia suele ser complicada, retorcida, llena de gente dispar como dispares son sus quereres,  ideas y gustos. La familia no siempre nos gusta ni tenemos que gustarles. La familia se enfada, no se habla, da pereza, molesta con sus sentencias, opiniones y órdenes,  porque la familia ordena,  sienta cátedra,  dispone.
Ni mejor ni peor que otras familias.La que toca.Y como Polly acaba por entender, o se la quiere así o se condena uno mismo a la desesperación.  ¿Felicidad familiar? A veces. Y gracias.

domingo, 5 de febrero de 2017

La mano izquierda de Peter Pan



     Dos momentos temporales distintos: primeras décadas del siglo XX y la actualidad. Dos parejas de personajes: J.M. Barrie (autor de Peter Pan)  + Cinthia Asquith (la que fue su secretaria, amiga, confidente, ¿amante?, aprendiz, mano izquierda)  ; y David Prior + Moira  Fitzgerald (ambos profesores especialistas en la obra y milagros de los anteriores). Rodeando a estos cuatro protagonistas, una serie de secundarios, más o menos convincentes.

     Dos momentos y dos lecturas. Porque me ha gustado la historia de Barrie  y Cinthia. He conocido los entresijos en torno a una obra que siempre me había resultado atractiva pero en la que nunca había profundizado. El personaje de J.M. Barrie me ha inspirado ternura, por su debilidad afectiva, por su locura, por su creatividad. Ese momento : “aplaudid,  si creéis en las hadas” ha sido siempre tan maravillosamente genial… En cuanto a Cinthia, los sentimientos han sido encontrados. Es una mujer bella, culta, exquisita en el trato, aristócrata, miembro de las Souls ( de lo más interesante este grupo), rompedora en el plano sexual… Pero también ambiciosa, egoísta,  pésima madre en mi opinión,  tergiversadora, retorcida… 

      Por otro lado, David y Moira. El primero, profesor vallisoletano, a punto de entrar en los cuarenta, un Peter Pan de libro, de esos que todos conocemos. Miente, se imagina una vida distinta a la que tiene, la que siempre soñó,  pero su realidad es bien distinta a su sueño: no ha alcanzado el éxito,  es un profesor sin más,  vive con su madre, no tiene pareja, ni dinero… No me ha gustado el personaje de David Prior. Me ha resultado poco creíble o quizás es que su cobardía ante la vida, me ha disgustado. En cuanto a Moira, puede que me haya resultado algo más creíble que David, pero aun así,  no me ha convencido.  La relación con su marido, un hombre de éxito,  guapo, encantador de serpientes, parece agotarla. A través de su diario vemos cómo le asquea el paternalismo con el que Seymour,  su estupendo maridito,  la trata. Pero no se rebela , sino que se nos muestra como una igual. Si es que dos que duermen en un colchón…(dice la sabiduría popular)

      Los secundarios…pues qué decir. De nuevo me quedo con el elenco que rodea a Barrie y Cinthia. Los Llewelyn , aquellos niños que Barrie “adoptó” y para los que creó a Peter Pan y Wendy; las Souls, la hermandad de Las Almas, aristócratas entrenadas para la conversación exquisita,  los juegos de creación,  la lectura, el debate; la sociedad londinense en general. Pero los secundarios de la actualidad…Seymour no me gusta; la madre de David no me resulta real, con sus mensajes sin sustancia, el desapego hacia su familia,  su vida en páginas de Internet de relaciones...; los eruditos que compiten por obtener el éxito con sus conferencias sobre Barrie; la ex novia de David…

     En fin, que La mano izquierda de Peter Pan se deja leer. Su autora, Silvia Herreros de Tejada , me ha acercado a un autor que en mi ignorancia había quedado en un segundo lugar tras su personaje, que por cierto, me ha costado alejar de la imagen edulcorada de Disney. Me ha llevado a indagar sobre las Souls y me ha hecho pensar de nuevo en lo que de impostura tiene la cultura, el mundo del libro, en concreto.

   Me quedo con el pasado aquí descrito. No es la primera vez que me pasa con novelas que se ambientan en presente y pasado. Y sí, sigo creyendo en las hadas. 


jueves, 26 de enero de 2017

Una temporada en el purgatorio

    Dicen las malas lenguas y las oficiales, pues incluso El País se hace eco de esta noticia para reseñar la novela, que los personajes de Una temporada en el purgatorio son un trasunto de los Kennedy. 
    Dicen que este libro encierra una historia real: el asesinato sin resolver de una chica de 15 años, Martha Moxley, en 1975. El sospechoso fue su vecino Tommy Skakel, primo de los Kennedy, que había pasado la noche anterior flirteando con ella. El caso de Martha languideció entre las presiones de una familia rica, con contactos en todos los ámbitos.
    Dicen también esas lenguas que Dominick Dunne, autor de esta novela, sensibilizado por el asesinato de su propia hija y conocedor del entorno en el que se movía este tipo de gente por su propia pertenencia a este grupo social, fue el que ayudó a reabrir un caso que había sido abandonado.
      Son cábalas, suposiciones o hechos probados, no lo sé. Lo que sí sé es que esta novela es imprescindible. Me lo he pasado tan bien leyéndola que merece un lugar en mi estantería, junto a sus compañeros de @librosdelasteroride.Sin peloteo, esta editorial no tiene desperdicio.
      Y es que esta novela es un novelón, de los que rascan horas de sueño y de sofá. No hay un solo personaje que no me haya atrapado: Constant, Harrison, Kitt, Gerard, Grace...Incluso aquellos que ocupan un lugar secundario tienen interés.
     Los Bradley son nuevos ricos, pero ricos riquísimos. La alta sociedad americana no quiere saber nada con estos advenedizos pero a la fuerza tendrá que tragarse su orgullo y convivir con ellos, porque ya se sabe que, habiendo dinero...Todo gira en torno a esta familia. Gerard, el patriarca, gobierna con mano férrea las vidas de sus hijos, decidiendo por ellos, allanándoles el futuro, volcando en ellos sus deseos de triunfo, a costa de lo que sea. La madre, Grace, vive obsesionada con su estatus, con sus obras de caridad, con sus relaciones con la Iglesia. Personalmente, la he aborrecido y y las ganas de abofetearla han ido en aumento a medida que avanzaba la trama (mérito de su autor, que ha creado un personaje así)
     La novela comienza con Harrison Burns, escritor de renombre y antiguo amigo de la familia, ante un juicio mediático: se acusa a Constant Bradley, el que fuera su amigo de juventud, del asesinato de una joven de 15 años dos décadas antes.       En tres partes que se corresponden con tres momentos distintos de sus
vidas, se nos presenta a esta familia y la vida de los americanos de clase alta. 
    Sexo, alcohol, mentiras, infidelidades, mafia, lujo en cantidades industriales. Todo eso y más es Una temporada en el purgatorio. Leyendo esta novela me he recordado hace años, viendo series como Dinastía o Falcón Crest.
     Si Las dos señoras Grenville ya me había gustado, esta novela confirma que me encanta cómo escribía este hombre y que ojalá @librosdelasteroide publique alguna más de sus obras.
    Disfrútenla, que se deja. 

domingo, 15 de enero de 2017

Una mujer de papel

      Segundo libro del año: "La mujer de papel" de Rabih Alameddine y editado por @lumeneditorial. Para mí PRESCINDIBLE, pero con visos de imprescindibilidad. ¿Por qué? Pues porque no ha sido el mejor momento , seguramente. Y espero darle una oportunidad más adelante. 
    Hay libros que requieren atención y otros que soportan mil y una interrupciones. Este es de los primeros y ni mi cabeza ni mi corazón han estado al cien por cien para una lectura densa. 
        Pero si me quedo con algo es con Aaliya,su protagonista. Ya lo he dicho mil veces y mil veces más que lo diré. Me encantan las protagonistas fuertes, llenas de personalidad, resueltas, con vidas plagadas de decisiones erróneas y otras acertadas, que les ayudan a sobrellevar las nostalgias de lo no vivido. Me gustan las mujeres como Aaliya, sola, luchando con sus fantasmas, rechazando a su familia biológica porque no por ser su sangre le gustan. Me chifla esta mujer mayor de mentalidad joven que vive rodeada de libros, su único anclaje a la cordura. 
     "La mujer de papel"contiene historias secundarias que me han encandilado, como la de Hanna y su enamoramiento del Teniente; la niña que pide limosna y a la que Aaliya se acerca y sorprende; su relación con su madre; el Beirut de carne y hueso oculto tras balas, bombas, enfrentamientos . Y he entresacado de sus páginas frases, oraciones, párrafos ricos, llenos de connotaciones.
       Si algo ha podido conmigo en este enero frío y triste han sido las múltiples referencias a autores, libros, piezas musicales. El término "múltiple" se queda corto, en realidad. Hay páginas tan espesas y atiborradas de títulos que un lector no concentrado se pierde. No hay hilo de Ariadna que consiga desenredar un cerebro que está por la labor de perderse en cualquier laberinto.Armarse de papel y bolígrafo puede que no fuera una mala idea. 
      Soy una mujer de papel, llena de palabras escritas y habladas, que escribo y leo. A la fuerza me tenía que sentir atraída por este libro.