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Entradas

SOLO

Hace un tiempo que pasea solo. Da una vuelta a la manzana. Cuando se siente con más ganas y le sobran minutos se aventura una manzana más.      Las manos a la espalda, cruzados los dedos sobre algún trocito de papel que ha doblado mil veces y que aprieta con las uñas. Antes, cuando los paseos eran más largos y llegaban a sentarse al parque, cortaba alguna hoja de un seto verde perenne y ella le recriminaba a la vuelta que siempre llevaba las huellas de los dedos sucias. Y él se encogía de hombros.    Hace un tiempo que pasea solo y en su lento caminar va observándolo todo. Se detiene a leer las ofertas de la carnicería nueva y le sorprenden la de platos que ya se venden medio hechos. Mira dentro de los bares de barrio, estrechos, sin apenas más sillas que las que permiten apoyar codos y vidas cansadas en la barra. No se permite ni una pinta. Que se conoce.     Algunas mañanas se encuentra a un vecino de antes, de cuando en el barrio se llevaba eso de hablar con el vecindario y se…
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La ría

Él quería ser doctor como don Julián. Cuando todos en el pueblo calzaban madreñas y zapatillas, aquel hombre pulido y repeinado llevaba zapatos de cordones, lustrosos, nuevos. Hablaba sin acento y se limpiaba las comisuras de los labios con un pañuelo de hilo que le asomaba tímido por el bolsillo.     Estudia mucho, le decía doña Rosario cada mañana en la escuela. Y él se esforzaba tanto que le dolían los ojos de leer una y otra vez su única enciclopedia.      Acabará ciego y no le servirá de nada en la mar, al señoritingo este, refunfuñaba su viejo, mirándole de reojo las manos de piel aún sin curtir, cuando alguna mañana coincidían en tiempo y espacio compartiendo un café con leche oscuro y amargo.      La mujer callaba y por dentro rogaba un futuro mejor para aquel niño de pelo negro, mientras ahorraba monedas en un bote de conservas con una etiqueta desteñida junto a la caja que atesoraba un vestido de novia anticuado y mucha ilusión vieja.     Un verano lluvioso y más frío …

Leyendo

Acababa de jubilarse cuando decidieron que era el momento de operarse de cataratas. Le daba pánico. Es lo que suele pasarle a aquellos que nunca han estado enfermos. Los hospitales, aunque sea para asuntos rutinarios dan un cierto repelús.       Tras unos días de cabeza rígida y pasó vacilante, descubrió que llevaba años sin ver. La luz adquirió brillo y los colores surgieron de golpe y porrazo. Y de pronto las letras se mostraron con nitidez. Y empezó a leer.       Al principio, con vergüenza y lentitud. Es lo que tiene la falta de hábitos. Después,  cogió carrerilla y se lanzó a la novela.      De ahí a convencerla para que visitara la biblioteca no hubo un paso ni fue fácil.  Muchos años de ignorancia llevan a pensar que hay un mundo no reservado para algunos. Pero el tesón o la cabezonería de los nietos pudo con sus sonrojos.      Gracias a la pasión que sienten las personas de buen hacer por su trabajo, la bibliotecaria, joven y menuda de cuerpo pero no de lecturas, dejó qu…

La dote y el ajuar

He mudado la cama de la niña esta mañana. Ha elegido las sábanas blancas de algodón. Son unas sábanas heredadas. Unas sábanas que le encantan porque son frescas, no les salen bolitas,  y cuando están recién planchadas, la sensación al rodearse con ellas es tan sumamente agradable...     Esas sábanas tienen tranquilamente 70 años. Si no tienen algunos más. Tienen bordadas dos iniciales,  barrocas, recargadas, rodeadas de flores. Son una A y una V. La A es de Alfredo; la V de Virginia.        Eran mis tíos abuelos, aunque ejercieron siempre de abuelos sin más.  Él, alto, delgado, con mala vista porque el plumín  de un compañero de colegio, allá por los años 20 fue a parar a su ojo y le hizo depender para siempre de unas gafas de pasta oscura y cristal grueso. Ella, pequeñita y regordeta, con una sonrisa eterna y una risa contagiosa. No podían ser más buenos, porque ellos habían inventado la bondad y a partir de ellos sólo se daban imitaciones, que no digo que no estuvieran o estén …

LOS NIÑOS Y EL CINE. EL CINE Y LOS NIÑOS.

Sigo con Nuestra casa en el árbol. Hay libros que se dejan exprimir hasta extremos insospechados y eso le pasa a este.         Michael, uno de los niños de este canto de amor a la infancia, es un cinéfilo empedernido. Es disléxico y odia el colegio porque no le aporta nada. Porque es un niño con inquietudes, listo como el hambre y con una capacidad alucinante para argumentar y debatir. El cine le sirve para aprender, para comunicarse, para crear teorías, para formar una personalidad que Lea Vélez ha confeccionado con mimo y supongo que con retazos de biografía.       Por supuesto, y por necesidades del guión (lo siento, pero "guion" a la RAE no me gusta y yo como J.R. Jiménez me permito mis licencias), su tutora y profesora es insoportable y bastante obtusa. Ana, la madre de Michael y alter ego de @leavelez, entiendo, se justifica: "Ya, pues siento no ser más colaboradora, pero es que yo lo que quiero es animar su imaginación, no coartarla. Necesito que entiendas …

Encarna

Yo tenía una bisabuela pelirroja y pequeñita que se llamaba Encarna. Pero esa es otra historia. 


      En 1920 Encarna tenía 16 años, el pelo rojo y el cuerpo lleno de pecas, tantas que cuando no podía dormir, se entretenía en contarlas y poco a poco un sueño dulce se la llevaba a Francia, donde una vecina se había ido a vivir y a servir. Una nena "pinta la rama" como sus hermanas, Visi y Piedad.      Ya no iba a la escuela: sabía leer y escribir y era buena haciendo sumas y restas. Pero Angelina, su madre, quería que tuviera una profesión y como en la escuela del pueblo la maestra no se había esmerado en la costura, decidió mandarla a Mieres a coser con doña Berta, que daba clases a niñas y jovencitas en edad casadera, de punto de cruz, de flores rococó,  y aprendían a cortar patrones muy modernos, que traía una hija de Bilbao.       Cada tarde, después de comer, cogía su labor y bajaba la cuesta en dirección a la villa. A veces, Visi iba con ella, porque tenía que hacer al…

FAUNA DE ASFALTO

Estaba pensando yo, que este próximo verano le dedico unas líneas a la fauna de playa, porque es rica en especímenes y divertida un rato.      Pero hay animales "pa rato" en mi "día diario" a los que analizar. Y es que hay momentos en los que de golpe y porrazo te encuentras con un espécimen y te dices: uff, esto tengo que contarlo. Así que, al asunto.        Estaba esta menda una tarde de estas haciéndose las uñas tan ricamente en un centro de belleza divino que hay cerca de mi casa. Es un sitio pequeñito,  con jefa y empleada, con buen rollo, música de fondo muy suave y el olor rico que dejan los potingues hechos con productos naturales y los esmaltes de colores. Es uno de esos sitios donde te relajas y te dejas mimar un ratillo, que de eso se trata esto de arreglarse cabelleras, pintarse manos y hacerse pies,  expresión a la  que no puedo dejar de dar vueltas.        Pues eso. Que allí estaba yo relajándome de una tarde de locos, cuando se abre la puerta y…